miércoles, 21 de agosto de 2013

EL ATAQUE DEL KRAKEN



Llevaba ya varias horas batiéndome con feroz tesón frente las interminables e infatigables embestidas que Neptuno lanzaba en su inmisericorde rabia contra las ya abatidas y desoladas costas de mi tierra.

Sin desfallecer y siempre con la moral alta, me mantuve firme  ante los embates de aquel rencoroso y
mezquino “Dios de los mares”. Sin embargo el esfuerzo continuado durante horas comenzaba a cobrarse su precio, notaba como mis músculos empezaban arder y a perder poco a poco su fuerza y velocidad.

 Pero fue cuando el ímpetu de sus acometidas  comenzó a disminuir, que cometí el fatal error que lamentaría por mucho tiempo y hasta el día de hoy todavía me asalta en mis sueños. Imbuido por una falsa sensación de triunfo, me dejé llevar por  la emoción de tal magna victoria, bajando la guardia… para mi desgracia. Fue entonces que, ese malhadado Neptuno aprovechando mi dejadez, lanzó a la más temible de sus criaturas marinas contra mí.   El Kraken.

Antes de que pudiera reaccionar, sus enormes e infernales tentáculos se lanzaron violentamente contra mi cuerpo desnudo, causando instantáneamente ardientes quemaduras en el torso y la cara. Pillado por sorpresa e incapaz de vencer en mis condiciones a aquel monstruo de la naturaleza, me revolví bajo las aguas como pude para librarme de sus tentáculos.

En cuanto noté que se liberaba la presión sobre mi cuerpo comencé inmediatamente a nadar con todas mis fuerzas  en dirección a la orilla, sin mirar atrás, sabía que solo tenía una oportunidad para escapar y dependía totalmente de la rapidez con la que pudiera alcanzar tierra firme.

No recuerdo como pude salir del agua, ni alcanzar refugio seguro, apenas podía ya abrir los ojos, ni apenas pensar de forma lúcida. De aquellos momentos solo recuerdo ese inmisericorde ardor que recorría todo mi cuerpo y que por poco me hace perder la cabeza.

Repasando aquellos trágicos momentos solo puedo recabar cortos destellos de claridad. La mayor parte me ha sido relatada por otros que pudieron ver desde cerca mi indigna huida. Por lo visto, apenas pude llegar a la casa de socorro por mi propio pie. Con los escasos medios disponibles, me limpiaron las graves heridas que recorrían todo mi cuerpo como bien pudieron mientras esperaban una ambulancia que me llevara  a un centro médico. Una vez en el centro de salud me administraron una fuerte dosis de urbason para luchar contra los efectos de las venenosas esporas que aún permanecían en mi cuerpo.

Una vez administrado el agente antialérgico me pudieron trasladar a mi casa, donde permanecí en reposo hasta que con tiempo y paciencia y no sin una gran dosis de dolor, me pude recuperar casi totalmente del ataque. Digo bien, casi totalmente porque aunque no tengo secuelas físicas del ataque, uno jamás se recupera del ataque del Kraken.


Es solo ahora, con la perspectiva del tiempo y la sabiduría de la edad, que me he atrevido, no sin reservas y con el apoyo de aquellos que me rodean, a escribir ésta mi épica historia, de cómo sobreviví al ataque de una medusa  cuando estaba de vacaciones en la playa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario